Carrusel, Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque, Madrid. 2025

CARRUSEL

Creado ex profeso para la Sala de Bóvedas, Carrusel sustancia el propósito de las artistas Fuentesal Arenillas e Itziar Okariz, de llevar más lejos en el tiempo la experiencia creativa de la proximidad, derivada de una convivencia previa en un espacio común. Lo hacen mediante turnos de palabra, y desde ese lugar en el que sus prácticas performativas y escultóricas se encuentran. Carrusel es testigo de una conversación a muchos kilómetros, que la exposición condensa en un cúmulo de piezas que testimonian un historial de intercambios, donde las artistas estiran el tiempo de estar juntas y ralentizan el afecto.

Carrusel es una forma de comunicación en la que se intensifica la escucha, para poner nombre a lo que se escapa. En la misma hay un jugar a distancia en temporalidades diferentes, como una posibilidad de resistencia a no estar cerca. Carrusel hace de la limitación física de estar lejos un lugar de diálogo que provoca inesperadas cercanías, intercambios de usos horarios, temperaturas, ánimos, y otras tramas reveladas durante el proceso.

«Una carta es siempre un pedazo de la persona», escribe Lygia Clark en su correspondencia con Helio Oiticica. Las cartas entre Fuentesal Arenillas e Itziar Okariz son textos a distancia transmutados en prendas, que se sitúan entre la función y la imagen, en un estado inacabado o a punto de ser otra cosa. Sus «textos epistolares» remiten a formas del cuerpo, al mismo tiempo que lo provocan y estimulan, a través de un antropomorfismo que trasciende la idea de vestido y le otorga otra función. En la distancia, Okariz espera las prendas para sacarlas de su caja y «llevarlas a la vida en busca del acontecimiento».

La comunicación iniciada en estas prendas-carta elaboradas por Fuentesal y Arenillas, empieza a ser contestada cuando Okariz se introduce en ellas, desplazando las piezas a esa busca, en una suerte de guiño a la teatralidad del objeto. La artista las activa en diferentes registros: siguiendo las imposiciones de la tela o usando palos como extremidades auxiliares, para buscar el movimiento del cuerpo. Okariz también se familiariza con las prendas invitando a otros a introducirse en ellas, para que a través de los orificios las manos sean pies y se agarren, que las piernas se vuelvan brazos, o que una chaqueta doble se convierta en un pantalón para dos. En su transcurso, el material de las cartas-falda, las cartas-pantalón o las cartas-chaqueta, fuerza el movimiento del cuerpo que se instruye con la prenda, mientras esta lo envuelve, lo arropa y lo modifica.

Tras la materialización y el envío de las piezas, Fuentesal Arenillas viajan al lugar de residencia de Okariz y a la experiencia de lo que sucede al otro lado. Después de haber conseguido una familiaridad con las prendas en ambos emplazamientos de la comunicación (en su tacto, su blandura o resistencia), las tres artistas trabajan el material escultórico, reactivándolo en diferentes espacios exteriores.

Lo que acontece ha sido grabado en vídeo y depositado en las pantallas instaladas en la Sala de bóvedas. El material filmado deviene un testimonio estructuras rítmicas, gestos, cruces, estiramientos, roces, que fijan y redondean la dinámica epistolar.

En Carrusel también se materializa un alejamiento de la durabilidad y la resistencia del espacio, un contrapeso a la fenomenología de esa construcción estática que engulle, cuando se es consciente de que la práctica artística de Fuentesal Arenillas y de Itziar Okariz tiene algo de tránsito, de barraca, que se despliega en diferentes plazas. La apabullante arquitectura de la sala es abordada como una caja compartida, en consonancia con la que las artistas han utilizado para enviar sus prendas-carta. La sala se asemeja ahora a un contenedor que parece plegarse para soportar la obra, y se abre al exterior a través de un «desciegue» de ventanas, para que haya más luz a determinadas horas del día.

Las piezas invitan a caminar, a desplazarse, a reconocer sus partes, encontrar secuencias o identificar patrones. Cruzar las prendas y su «suceder entre», enfatiza el carácter no fijo de la exposición. Esta remite a otra arquitectura, la del cuerpo y sus circunstancias. «Somos ajenos/tú y yo misma/y mi casa» dice Idea Vilariño en el poema Un huésped.

La guía organizadora y de cuidados del objeto que lo archivístico lleva implícito, funciona aquí como una llamada a una nueva «situación documental» que anula su función primigenia. En su huida, mientras trata de fijar un relato, el flujo de esculturas parece tender a perder la forma. Esto puede ser debido a su acumulación, a la imposibilidad de alcanzar copias exactas, o al placer de la insistencia.

Mientras pensar juntas ha generado una correspondencia, como una búsqueda de una forma o de algo que queda implícito, la conversación se ha resbalado en el tiempo de la exposición deviniendo dramaturgia. Carrusel se presenta como una huella de un intercambio conversacional con signos paralingüísticos, como las intensidades de la conversación o lo gestual y postural que proyectan las piezas. También constata que la palabra es consustancial al cuerpo, y que la comunicación a distancia puede generar escultura.

En esa compilación de documentos, como otro tipo de archivo de imágenes que se deslizan en espiral, Carrusel se comporta como una combinatoria de palabras. Tiene algo de caligramático, que parece querer continuar hacia el afuera de la hoja. Dicha profusión de prendas, en la textualidad que evoca, se comporta como una trama polisémica que se dibuja a través de las bóvedas. Sugiere una frase como una fila de cuerpos que se ayudan a pasar («Keep your dance company»). Cuando las prendas-carta han sido contestadas, pueden cruzar el espacio asemejándose a sonidos, como si se aliaran para imitar un grito, un rayo, un oleaje.

Francisco Ramallo _ Comisario invitado

Marta Ramos-Yzquierdo _ Comisaria residente del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque